Jueves, 23 Enero 2014 01:54

La testosterona de Peña Nieto

Oro Sólido

Es completamente animal y primitivo lo que está sucediendo en el estado de Michoacán, así como  en numerosos municipios de diversas entidades del territorio mexicano.

 Es clara la “involución” que se registra en el desarrollo social, político y  económico del país. Todos salimos perjudicados.

Una descomposición genética, aunada a una mala crianza y deplorable desarrollo  social en esas comunidades, detonó el deterioro de las instituciones que norman la convivencia entre los ciudadanos.

 La “malsana” búsqueda del poder, el dinero y el poseer bienes, personas y voluntades; son resultado de una malformación de la realidad. De una psicología dañada por baja autoestima, depresión y stress, entre otros factores.

 El modelo económico que impera en nuestros días, pervierte muchas de las conductas sociales que rigen la convivencia pacífica del ser humano.

Una marcada desigualdad social ahoga, eminentemente, a nuestra sociedad.

Asimismo, la corrupción envuelve una relación “incestuosa” entre el poder y el dinero, y describe el mal uso del poder público a cambio de dinero o su equivalente en influencias, prestigio, status, o poder.

 Así vivieron el uso del poder  Lázaro Cárdenas Batel y Leonel Godoy como gobernadores de Michoacán. Vicente Fox y Felipe Calderón como presidentes. Sin dejar de recordar a sus antecesores.

 De manera primitiva, estos ex gobernantes,  permitieron que se hundieran aquellas comunidades en la descomposición social. Prefirieron huir y negar la realidad. Su testosterona no les dio para más.

Los individuos en conflicto están tan perturbados que matar les provoca risa, como lo manifiestan en entrevistas televisivas.  Desconocen hasta donde es realidad y donde empieza el “infierno”.

Uno de los bandos, además del derecho de piso, pedía se les entregaran a las niñas, las hijas, las hermanas, las esposas y si no accedían, esas mentes extraviadas,  exterminaban a la familia entera para quedarse con sus tierras.

¿Eso se olvida? ¿Se puede pensar en el perdón simple y llano, después de tanta atrocidad?

Ahora, al frente de esta recomposición social, se encuentra el presidente Enrique Peña Nieto, quien su instinto de conservación, aunado a su testosterona, que regula la respuesta de lucha o huida en el  hombre,  lo llevaron a afrontar este desafío, sin precedentes en la historia moderna de nuestro país.

El presidente Peña Nieto rodeado de sus alfiles, decidió actuar. De eso depende su sobrevivencia. Él, lo sabe. Y lo sabe muy bien.

Estamos en el mismo barco. Le deseo que tenga éxito. Por el bien de todos. Por el bien de México.

Publicado en Columna Oro Sólido

  

 

  

 

 

 

 

 

         

        

 

 

 

 

      

 

 

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